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Pero después, después todo es real. Y el alma libre busca un canto para acomodarse.

Más allá de la oreja existe un sonido, la extremidad de la mirada un aspecto, laspuntas de los dedos un objeto: es allí a donde voy.
La punta del lápiz el trazo.
Donde expira un pensamiento hay una idea, en el último suspiro de alegría otra alegría, en la punta de la espada la magia: es allí a donde voy.
En la punta del pie el salto.
Parece la historia de alguien que fue y no volvió: es allí a donde voy.
¿O no voy? Voy, sí. Y vuelvo para ver cómo están las cosas. Si continúan mágicas.
¿Realidad? Te espero. Es allí a donde voy.
En la punta de la palabra está la palabra. Quiero usar la palabra «tertulia», y no sédónde ni cuándo. Al lado de la tertulia está la familia. Al lado de la familia estoy yo. Allado de mí estoy yo. Es hacia mí adonde voy. Y de mí salgo para ver. ¿Ver qué? Ver lo que existe. Después de muerta es hacia la realidad adonde voy. Mientras tanto, lo que hay es un sueño. Sueño fatídico. Pero después, después todo es real. Y el alma libre busca un canto para acomodarse. Soy un yo que anuncia. No sé de qué estoy hablando. Estoy hablando de nada. Yo soy nada. Después de muerta me agrandaré y me esparciré, y alguien dirá con amor mi nombre.
Es hacia mi pobre nombre adonde voy.
Y de allá vuelvo para llamar al nombre del ser amado y de los hijos. Ellos me responderán. Al fin tendré una respuesta. ¿Qué respuesta? La del amor. Amor: yo os amotanto. Yo amo el amor. El amor es rojo. Los celos son verdes. Mis ojos son verdes. Pero son verdes tan oscuros que en las fotografías salen negros. Mi secreto es tener los ojos verdes y que nadie lo sepa.
En la extremidad de mí estoy yo. Yo, implorante, yo, la que necesita, la que pide, la que llora, la que se lamenta. Pero la que canta. La que dice palabras. ¿Palabras al viento? Qué importa, los vientos las traen de nuevo y yo las poseo.
Yo al lado del viento. La colina de los vientos aullantes me llama. Voy, bruja que soy.Y me transmuto.
Oh, cachorro, ¿dónde está tu alma? ¿Está cerca de tu cuerpo? Yo estoy cerca de mi cuerpo. Y muero lentamente.
¿Qué estoy diciendo? Estoy diciendo amor. Y cerca del amor estamos nosotros.

Clarice Lispector

Por devoción al huevo, lo olvidé

Actualidad del huevo y la gallina (III, final)

Los huevos están en la sartén, y sumergida en el sueño preparo el desayuno. Sin ningún sentido de la realidad, grito por los niños que salen de las camas, arrastran sillas y comen, y el trabajo del día amanecido se inicia, gritado y reído y comido, clara y yema, alegría entre peleas, día que es nuestra sal y somos la sal del día, vivir es tolerable, vivir ocupa y distrae, vivir hace reír.
Y me hace reír de mi misterio. Mi misterio que es ser tan sólo un medio y no un fin, haberme entregado a la más maliciosa de las libertades: no soy boba y aprovecho. Incluso, hago un mal a otros que, francamente. El falso empleo que me dieron para disfrazar mi verdadera función, bien que aprovecho el falso empleo y hago de él mi verdadero, incluso el dinero que me dan como jornal para facilitar mi vida para que el huevo se haga, pues ese dinero lo vengo usando para otros fines, y lo he cambiado en el mercado negro, desvío de partidas. Y también el tiempo que me dieron, y que nos dan sólo para que en el ocio honrado, el huevo; pues estoy usando ese tiempo para placeres ilícitos y dolores ilícitos, por completo olvidada del huevo. Ésta es mi simplicidad de agente humano.
Pero es que nadie sabe cómo se siente por dentro aquel cuyo empleo consiste en fingir que está traicionando, y que termina creyendo en la propia traición. Cuyo empleo consiste en diariamente olvidar. Ni mi espejo refleja ya un rostro que sea el mío. O soy un agente, o soy la propia traición. Pero duermo el sueño de los justos por saber que mi vida fútil no incomoda la marcha del gran tiempo. Por el contrario: parece que se exige de mi que yo sea exactamente fútil. Ellos me quieren ocupada y distraída.
Me hicieron olvidar lo que me habían dejado adivinar, pero vagamente me quedó la noción de que mi destino me sobrepasa, y de que soy un instrumento del trabajo de ellos. Pero de cualquier manera era sólo instrumento lo que yo podía ser, pues el trabajo no podía ser lo mío. Si hubiera insistido un poco más, habría perdido para siempre la salud. Desde entonces, desde esa malograda experiencia, trato de razonar de este modo: que ya me fue concedido mucho, que ellos ya me concedieron todo lo que puede concederse; y que otros agentes, muy superiores a mi, también trabajaron sólo por lo que no sabían.
Ya me fue dado mucho; esto: una u otra vez, con el corazón latiendo por el privilegio, yo por lo menos sé que ¡no estoy reconociendo! con el corazón latiendo de emoción, yo por lo menos ¡no comprendo! con el corazón latiendo de confianza, yo por lo menos no lo sé.
Pero -¿y el huevo? Éste es exactamente uno de los subterfugios de ellos: “Habla, habla”, me instruyeron. Y el huevo queda por completo protegido por tantas palabras. Habla mucho es una de las instrucciones, y estoy tan cansada.
Por devoción al huevo, lo olvidé. Mi necesario olvido. Mi interesado olvido. Pues el huevo es esquivo. Ante mi adoración posesiva él podría retraerse y no volver nunca más, lo cual me mataría de dolor. Pero si él fuera olvidado, si yo hiciera el sacrificio de vivir libre, delicada, sin mensaje alguno para mí –tal vez todavía él se mueva del espacio hasta la ventana que siempre dejé abierta. Y tal vez a la madrugada baje a nuestro edificio el huevo. Sereno, hasta la cocina. Iluminándola con palidez.

Clarice Lispector, en Revelación de un mundo

+ huevo filósofo
+Daniel Link sobre Clarice: "¿Y podría, cualquiera de nosotros, rechazar una invitación a un "Congreso Mundial de Brujería" (no importa dónde)?"

Pero la gallina es siempre la tragedia moderna

Actualidad del huevo y la gallina (II)

La gallina mira el horizonte. Como si de la línea del horizonte estuviera viniendo un huevo. Además de ser un medio de transporte para el huevo, la gallina es tonta, ociosa y miope. ¿Cómo podría entender una gallina que ella es la contradicción del huevo? El huevo todavía es el mismo que se originó en Macedonia. Pero la gallina es siempre la tragedia moderna. Y sigue siendo. No se encontró, sin embargo, otra forma más adecuada para la gallina.
Dentro de sí la gallina no reconoce al huevo, pero fuera de sí tampoco lo reconoce. Cuando la gallina ve el huevo piensa que está lidiando con una cosa imposible. Y de repente veo el huevo y sólo reconozco en él la comida. No lo reconozco, mi corazón late. La metamorfosis se está cumpliendo en mí: empiezo a no poder ver el huevo. Ya no logro creer en un huevo. Estoy cada vez con menos fuerza para creer, me estoy muriendo, adiós, miré demasiado un huevo y él me fue adormeciendo, hipnotizando.
La gallina no quería sacrificar su vida. La que optó por ser feliz. La que pensó que tenía plumas para cubrirse por poseer una piel preciosa, sin entender que las plumas eran exclusivamente para suavizar su travesía al cargar el huevo, porque el sufrimiento intenso de la gallina podría perjudicar el huevo. La que pensó que el placer era un don, sin darse cuenta de que éste existía para que ella se distrajera por completo mientras el huevo se hacía. La que no sabía que “yo” es tan sólo una de las palabras que se trazan al atender el teléfono, un mero intento de buscar una forma más adecuada. La que pensó que “yo” significa tener un sí mismo. Las gallinas perjudiciales para el huevo son aquellas que son un “yo” sin tregua. Pero, quién sabe, era eso mismo lo que el huevo necesitaba. Pues si ellas no estuvieran tan distraídas, si prestaran atención a la gran vida que se cumple dentro de ellas, molestarían al huevo.
Pero aún debo hablar del huevo. Y he aquí que no entiendo al huevo. Sólo entiendo al huevo roto: roto en la heladera. Y de esta manera indirecta me dedico a la existencia del huevo: mi sacrificio, es reducirme a mi vida. Hice de mi placer y mi dolor mi destino disfrazado. Como aquellos que en el convento barren el piso, mi trabajo es vivir mis placeres y dolores. Es necesario que tenga la modestia de vivir. Tomo otro huevo en la cocina, le rompo la cáscara y la forma. Y a partir de este instante exacto nunca existió un huevo. Es absolutamente indispensable que yo esté distraída. Soy indispensablemente uno de los negadores. Soy parte de la masonería de los que vieron una vez el huevo y reniegan de él como una manera de protegerlo. Somos lo que se abstienen y reniegan. Nosotros, los agentes disfrazados y distribuidos por funciones menos reveladoras, nosotros a veces nos reconocemos. Por un cierto modo de mirar, por un modo de dar la mano, nos reconocemos y a eso lo llamamos amor. Y entonces no es necesario el disfraz, aunque no se hable, tampoco se siente, aunque no se diga la verdad, tampoco es necesario.
Pocos desean el amor verdadero, porque el amor es la gran desilusión por todo el resto. Y pocos soportan perder todas las otras ilusiones. Hay quienes se entregan al amor, pensando que el amor enriquecerá su vida personal. Y es lo contrario: el amor es finalmente pobreza. Amor es no tener. Incluso amor es la desilusión sobre lo que se creía que era amor. Amor no es premio, es una condición concedida para aquellos que, sin él, corromperían el huevo con su dolor personal. Eso no hace del amor una excepción honrosa; él es exactamente concedido a los malos agentes, aquellos que perturbarían todo si no se les concediera adivinar vagamente.
A todos los agentes se les conceden muchas ventajas para que el huevo se conforme. No hay que sentir envidia, pues, incluso algunas de las condiciones, peores que las de los otros, son simplemente las condiciones ideales para el huevo.
Hay casos de agentes que se suicidan: les parecen insuficientes las poquísimas instrucciones recibidas, y se sienten sin apoyo. Hubo el caso de un agente que reveló públicamente que era agente porque le resultó intolerable no ser comprendido por el huevo y no soportaba ya no merecer el respeto ajeno: murió atropellado.
Hubo otro, también eliminado, porque creía que “la verdad debe ser valientemente dicha”, y empezó en primer lugar a buscarla (a la verdad); de él se dijo que murió en nombre de la verdad, pero el hecho es que meramente dificultaba la verdad con su inocencia; su aparente valentía era estupidez, y era ingenuo su deseo de lealtad, él no había comprendido que ser leal no es algo limpio, ser leal es ser al mismo tiempo desleal con todo el resto.
Estos casos extremos de muerte no son por crueldad. Es que hay un trabajo, digamos cósmico, que debe ser hecho, y los casos individuales lamentablemente no pueden ser tomados en cuenta. Para los que sucumben y se vuelven individuales existen las instrucciones, la claridad, la comprensión que no distingue motivos, nuestra vida humana en fin.

Clarece Lispector, en Revelación de un mundo
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Actualidad del huevo y la gallina

A la mañana en la cocina sobre la mesa está el huevo.
Miro el huevo con una sola mirada. Inmediatamente me doy cuenta de que no se puede estar mirando un huevo tan sólo: ver el huevo es siempre hoy: apenas veo el huevo ya se siente haber visto un huevo, el mismo, hace tres milenios. -En el mismo instante de ver el huevo él es el recuerdo de un huevo.-Sólo ve el huevo quien ya lo ha visto. Como un hombre que, para entender el presente, necesita haber tenido un pasado. -Al ver el huevo ya es inmediatamente demasiado tarde: huevo visto, huevo perdido: la visión es un calmo relámpago. –Ver el huevo es la promesa de llegar a ver de nuevo un día el huevo. –Mirada corta e indivisible; si es que hay pensamiento: no lo hay: hay un huevo. –Mirar es el necesario instrumento que después de empleado, tiraré. Me quedaré sin el huevo. –El huevo no tiene un sí mismo.
Ver realmente el huevo es imposible: el huevo es superinvisible así como hay sonidos supersónicos que el oído ya no oye. Nadie es capaz de ver el huevo. –El amor por el huevo tampoco se siente, el amor por el huevo me es supersensible, no alcanza para saber que se siente. Uno no sabe que ama el huevo. –Cuando yo fui antigua fui depositaria del huevo y caminé leve para no turbar el silencio del huevo. –Así como no se ve el mundo por ser obvio, no se ve el huevo porque es obvio. ¿El huevo ya no existe? Está existiendo en este instante. –Eres perfecto, huevo. Eres blanco, huevo. –A ti te dedico el comienzo. A ti te dedico la primera vez.
Al huevo dedico la nación china.
El huevo es una cosa suspendida. –Miro el huevo en la cocina con atención superficial para no romperlo. Tengo mucho cuidado para no entenderlo. Pues, siendo imposible entenderlo, sé que si lo entiendo es porque me estoy equivocando. Entender es la prueba del error. –Jamás pensar en el huevo es un modo de haberlo visto. -¿Será que sé del huevo? Es casi seguro que sé. De esta manera: existo, luego sé. –Lo que yo no sé del huevo es lo que realmente importa. Lo que no sé del huevo me lo da el huevo propiamente dicho. –La luna está habitada por huevos…
El huevo es una exteriorización: tener una cáscara es darse. –El huevo desnuda la cocina. Hace de la mesa un plano inclinado. El huevo expone todo. –Quien se sumerge en el huevo, quien ve más que la superficie del huevo, está queriendo otra cosa: está con hambre.
El huevo es el alma de la gallina. La gallina sin gracia. El huevo acertado: la gallina asustada. El huevo acertado. Como un proyectil parado en el aire. Pues el huevo es huevo en el espacio. Huevo sobre azul. –Yo te amo, huevo. Yo te amo como una cosa que ni siquiera sabe que ama a otra cosa. –No lo toco. El aura de mis dedos es la que ve el huevo. No lo toco. –Pero dedicarme a la visión del huevo sería morir para la vida humana, y yo todavía la necesito. -¿El huevo me ve? -¿El huevo me medita? No, el huevo apenas me ve. Está exento de la comprensión que hiere. –El huevo nunca luchó para ser un huevo. El huevo es un don. –Es invisible al ojo desnudo. De huevo en huevo se llega a Dios, que es invisible al ojo desnudo. –Un huevo habrá sido tal vez un triángulo que tanto rodó que se fue ovalando.
¿El huevo es básicamente un jarrón cerrado? ¿Habrá sido el primer jarrón moldeado por los etruscos? No, el huevo es originario de Macedonia. Allí lo calcularon, fruto de la más penosa espontaneidad. En las arenas de Macedonia un matemático lo dibujó con una vara en la mano. Y después lo borró con el pie desnudo.
El huevo es algo con lo que hay que tener cuidado. Por eso la gallina es el disfraz del huevo. Para que el huevo atraviese los tiempos, existe la gallina. Las madres son para eso. –El huevo vive como forajido por estar siempre demasiado adelantado para su época: es más que actual: él existe en el futuro. –El huevo por ahora será siempre revolucionario.
El huevo es la cosa más desnuda que existe. –En relación con el huevo, el peligro es que se descubra lo que se podría designar como belleza, su extrema veracidad. La verosidad del huevo no es verosímil.
Como se estaba diciendo, el huevo no se volvería rectangular, pero quien luchara por volverlo rectangular estaría perdiendo su propia vida. El huevo nos pone, por lo tanto, en peligro. Nuestra ventaja es que el huevo es invisible para la enorme mayoría. Y en cuanto a los iniciados, los iniciados ocultan el huevo como en una masonería.
En cuanto al cuerpo de la gallina, el cuerpo de la gallina es el mayor intento de probar que el huevo no existe. Pues basta mirar la gallina para que parezca obvio que es imposible que el huevo exista.
¿Y la gallina?
El huevo es el gran sacrificio de la gallina. El huevo es la cruz que la gallina carga en vida. El huevo es el sueño alcanzable por la gallina. La gallina ama el huevo. Ella no sabe que existe realmente el huevo. Si supiera que tiene en sí misma un huevo, perdería el estado de gallina. Ser una gallina es la posibilidad de supervivencia mental de la gallina. Supervivencia es la salvación. Pues parece que vivir no existe. La gallina tiene un aire atemorizado.
Es necesario que la gallina no sepa que tiene un huevo. Si no, perdería el huevo en parto prematuro para librarse de un ideal tan alto. Entonces ella no sabe. Ella estaba sólo para cumplir su misión, pero le gustó. La desorientación de la gallina viene de allí: gustar no es parte del nacer. Gustar de estar vivo, duele.
En cuanto a quién vino antes, fue el huevo el que encontró a la gallina como un buen disfraz. La gallina es directamente una elegida. –La gallina vive como en sueños. No tiene sentido de la realidad. Todo el susto de la gallina es porque están siempre interrumpiendo sus devaneos. La gallina es un gran sueño. –La gallina sufre de un mal desconocido. El mal desconocido de la gallina, es el huevo. Ella no sabe explicarse: “Sé que el error está en mi misma”, ella llama error a su vida, “no sé ya lo que siento”, etc.
Lo que cacarea el día entero en la gallina es etc., etc., etc. La gallina tiene mucha vida interior. Para decir la verdad lo único que tiene es vida interior. Nuestra visión de su vida interior es lo que nosotros llamamos gallina. La vida interior de la gallina consiste en actuar como si entendiera. Cualquier amenaza y ella grita escandalosamente hecha una loca. Todo esto en el fondo para que el huevo no se rompa dentro de ella. Huevo que se rompe dentro de la gallina, es como sangre.
La gallina mira el horizonte.

Clarice Lispector, en Revelación de un mundo


aguaviva

Éste no es un libro porque así no se escribe.

*

¿Lograré entregarme al expectante silencio que sigue a una pregunta sin respuesta? * Óyeme, oye el silencio. Capta esa otra cosa que se me escapa y sin embargo vivo de ella y estoy en sintonía con la brillante oscuridad.

*

Lo que sabrás de mi es la sombra de la flecha que se clavó en el blanco.

*

No quiero tener la terrible limitación de quien vive sólo de lo que es pasible de ser tenido. Yo no: lo que quiero es una realidad inventada. Es de una pureza tal ese contacto con el invisible núcleo de la realidad. La vida apenas se me escapa aunque me venga la seguridad de que la vida es otra y tiene un estilo oculto.

*

Te digo así: “Tronco lujurioso” Y me baño en él. Está ligado a la raíz que penetra en nudos en la tierra. Todo lo que escribo es tenso. Uso palabras sueltas que son en sí mismas un dardo libre: “salvajes, bárbaros, nobles decadentes y marginales”. ¿Esto te dice algo? A mí me habla.

*

Pero la palabra más importante de la lengua tiene sólo dos letras: es. Es. Estoy en su médula. * Te escribo porque no me entiendo. Pero me voy siguiendo. Elástica. Es un misterio tal este bosque donde sobrevivo para ser. Pero ahora creo que sí va a ocurrir. Es decir: voy a entrar. Quiero decir: en el misterio.

*

No me gusta lo que acabo de escribir –pero estoy obligada a aceptar el trecho porque todo él me ocurrió. Y respeto mucho lo que yo me ocurro. Ciegamente me obedezco.

*

Capta esa otra cosa de la que en verdad hablo porque yo misma no puedo.

*

Lo que no me gusta es cuando exprimen limón en mis profundidades y hacen que yo me contorsione. ¿Los hechos de la vida son el limón de la ostra?
¿La ostra duerme?

*

Entonces huyo cerrando los ojos. Y yo había resuelto que iba a dormir para poder soñar, tenía nostalgia de las novedades del sueño. Se trataba de un film que yo veía. Es una película de personas automáticas que saben aguda y gravemente que son automáticas y que no hay escapatoria.

*

Pero hay preguntas que me hice de niña y que no fueron respondidas.

*

Comí mi propia placenta para no necesitar comer durante cuatro días. Para tener leche para darte. La leche es un “esto”. Y nadie es yo. Nadie es vos. Ésta es la soledad.

*

Nunca es lo imposible. Me gusta nunca. También me gusta siempre. ¿Qué hay entre nunca y siempre que los liga tan indirecta e íntimamente? En el fondo de todo hay el aleluya. Este instante.

*

Historia no te prometo aquí, pero tiene it. ¿Quién lo soporta?

*

It es blando y es ostra y es placenta.

*

Y un caballo suelto de una fuerza libre. Le guardo el casco en amoroso fetichismo.

*

Es lo mínimo que puedo hacer de mi vida: aceptar con conmiseración el sacrificio de la noche.

*

Respiro de noche la energía. Y todo esto es lo fantástico. Fantástico: el mundo por un instante es exactamente lo que mi corazón pide.

*

Se puede transformar el dolor en placer: basta un clic. ¿Cisne negro?

*

Es mi mensaje de persona sola. La persona come a otra por hambre. Pero yo me alimenté con mi propia placenta. Y no voy a roerme las uñas porque esto es un tranquilo adagio.

*

Para ser inútilmente sincera debo decir que ahora son las seis y cuarto de la mañana.

*

Incómodo. No me siento bien. No sé qué es lo que pasa. Pero algo está mal y da malestar. Sin embargo estoy siendo franca y mi juego es limpio.

*

Sólo sé que no quiero la impostura.

*

Muy detrás del pensamiento tengo un fondo musical. Pero todavía más atrás está el corazón latiendo. Así, el más profundo pensamiento es un corazón latiendo.

*

Estoy cansada de defenderme. Soy inocente. Hasta ingenua, porque me entrego sin garantías.

*

Y hete aquí que mi mal me domina. Soy todavía la cruel reina de los medas y de los persas y soy también una lenta evolución que se lanza como puente levadizo a un futuro cuyas nieblas lechosas ya respiro.

*

A veces me electrizo al ver al animal. Estoy ahora oyendo el grito ancestral dentro de mi: parece que no sé quién es más criatura, si yo o el animal. Y me confundo. Parece que me quedo con miedo de encarar instintos ahogados que frente al animal estoy obligada a asumir.

*

Yo no humanizo al animal porque es una ofensa; soy yo quien me animalizo. No es difícil y ocurre simplemente. Es sólo no luchar contra eso y es sólo entregarse.

*

No existe nada más difícil que entregarse al instante. Esta dificultad es dolor humano.

*

Pero conozco el secreto de las mañanas puras. Y el descanso en la melancolía.

*

El horrible deber es el de ir hasta el fin (…) No quiero contarme a mi misma ciertas cosas.

*

Es un día de sol. La playa estaba llena de buen viento y libertad. Y yo estaba sola. Sin necesitar a nadie. Es difícil porque necesito repartir contigo lo que siento. El mar calmo. Pero al acecho. Como si tal calma no pudiera durar.

*

El Dios tiene que venir a mi porque yo no he ido a él. Que venga el Dios, por favor. Incluso si no lo merezco, que venga. O tal vez los que menos lo merecen son los que más lo necesiten. Soy inquieta y áspera y desesperanzada.

*

El dolor es vida exacerbada. El proceso duele. Y la sangre agradece. Respiro, respiro. El aire es it. Si yo tuviera que esforzarme para escribirte me sentiría tan triste. Es tan bueno que las cosas no dependan de mi.

*

Oh, cuán incierto es todo. Y sin embargo dentro del orden. No sé siquiera lo que voy a escribirte en la frase siguiente. Nunca decimos la verdad última. Quien sepa la verdad, que venga ahora. Escucharemos contritos.

*

Me quedo viéndome pasar. Lo que me pregunto es: ¿quién está fuera de mi hasta de pensar? Te escribo todo esto porque es un desafío que estoy obligada a aceptar con humildad. Me asustan mis fantasmas, lo que es mítico y fantástico: la vida es sobrenatural. Y yo camino sobre una cuerda floja hasta el límite de mi sueño.

*

Antes de organizarme, tengo que desorganizarme. Para experimentar el primer y pasajero estado primario de libertad. De libertad de equivocarme. De caer. Y levantarme.

*

¿Y quién soy yo para osar pensar? Lo que debo hacer es entregarme. ¿Cómo? Sé sin embargo que solo andando es que se sabe andar y –milagro- se anda.

*

Sí. La vida es muy oriental. Sólo algunas personas elegidas por la fatalidad del azar probaron la libertad esquiva y delicada de la vida. Es como saber arreglar flores en un florero: una sabiduría casi inútil. Esa libertad fugitiva de la vida no debe ser jamás olvidada.

*

Sé bien que hay un desencuentro entre las cosas, casi se chocan, hay desencuentro entre los seres que se pierden unos a otros entre palabras que ya casi no dicen nada. Pero casi nos entendemos en ese leve desencuentro, en ese casi es la única forma de soportar la vida de lleno.

*

Y siento que en breve nos separaremos. Me verdad asombrada es que yo siempre estuve sola de ti y no lo sabía. Ahora lo sé: soy sola. Yo y mi libertad que no sé usar. Gran responsabilidad de la soledad. Quien no está perdido no conoce la libertad, y no la ama. En cuanto a mi, asumo mi soledad. Que a veces se extasía como frente a fuegos de artificio. Soy sola y tengo que vivir una cierta gloria íntima que en la soledad puede volverse dolor. Y el dolor, silencio. Guardo su nombre en secreto.

*

Yo te invento, realidad. Y te oigo como remotas campanas sordamente sumergidas en el agua repicando trémulas. ¿Estoy en el núcleo de la muerte? ¿Y para esto estoy viva? El núcleo sensible. Y me vibra ese it.

*

Es necesario entender la violenta ausencia de color de un espejo.

*

Ahora te escribiré todo lo que me venga a la mente con la menor vigilancia posible. Es que me siento atraída por lo desconocido. Va a comenzar: voy a tomar el presente en cada frase que muere. Ahora:

Voy a contarte un secreto: la vida es mortal. Voy a tener que interrumpir todo para decirte lo siguiente: la muerte es lo imposible y lo inalcanzable. Es como si la vida dijera lo siguiente: y simplemente no hubiera lo siguiente.

*

Sé bien que tendré que parar. No por falta de palabras sino porque estas cosas y sobre todo las que pienso y no escribí, no se dicen.

*

Tal vez valga la pena haber nacido para que un día mudamente se implore y mudamente se reciba.

*

Hace mucho que ya no soy una persona. Querrían que fuera un objeto. Soy un objeto. Que crea otros objetos y la máquina nos crea a todos nosotros. Exige. El mecanismo exige y exige mi vida. Pero yo no obedezco totalmente: si tengo que ser un objeto, que sea un objeto que grita.

*

Ahora, silencio. Porque a las cinco de la madrugada, hoy, caí en estado de gracia.

*

Siente conmigo. Era una felicidad suprema.

*

Al éxtasis debería seguir el dormir para atenuar su vibración de cristal resonante. El éxtasis tiene que ser olvidado.

*

Una alegría dentro del it esencial. ¿No tiene sentido? Pues tiene que tenerlo. Porque es demasiado cruel saber que la vida es única y que no tenemos como garantía sino la fe en las tinieblas; porque es demasiado cruel, entonces respondo con la pureza de una alegría indomable.

*

Estoy siendo alegre en este mismo instante porque me rehúso a ser vencida: entonces amo. Como respuesta. Amor impersonal, amor it, es alegría: incluso el amor que no funciona, incluso el amor que acaba.

*

Voy a estar alegre, ¿oíste? Como respuesta, como insulto. Garantizo algo: nosotros no somos los culpables. Es necesario entender mientras estoy viva ¿oíste?, porque después será demasiado tarde.

*

Ah, vivir es tan incómodo. Todo aprieta. El cuerpo exige, el espíritu no para, vivir parece tener sueño y no poder dormir; vivir es incómodo. No se puede andar desnudo ni de cuerpo ni de alma.

*

¿No te dije que vivir es apretado? Pues fui a dormir y soñé que te escribía un largo majestuoso y era más verdad todavía de lo que te escribo: era sin miedo. Me olvidé de lo que escribí en el sueño, todo volvió a la nada, volvió hacia la Fuerza De Lo Que Existe y que se llama a veces Dios.

*

Y es así que después de una tarde entera de “quién soy yo” y de despertarme a la una de la madrugada todavía en desesperación, a las tres de la madrugada me desperté y me encontré. Fui al encuentro de mi. Calma, alegre, plenitud sin fulminación. Simplemente soy yo. Y tú eres tú. Es vasto, va a durar.

*

Lo que te escribo es un “esto”. No va a parar: continúa.

*

Mírame y ámame. No: tú miras hacia ti y te amas. Es lo correcto.
***

Clarice Lispector, "Aguaviva"