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La única promesa

Cuando pienso para cuántos de mi generación la poesía fue mística o testimonio, oficio o extravío, razón, bosque de nieves, sombrero de enigma en la cabeza alada y miro los muertos, los fracasos altos, todo aquello que se llevó el fuego de creer en las palabras y volvió cambiado (ceniza o lámpara, no importa)…y adivino la cifra para insistir cavando en el vacío…persistir en una idea, o mejor, en una especie de fervor, de punta en pie hacia otra luz mayor, más allá del espejito del poeta… las falsificaciones, rengueras del texto (del 
mejor poema, de cualquier poema) 
cómo recordar sin ira? 
cómo callarse? 
y hay que vencer el pudor, el portavoz, mirarse y aceptar que estaba jugada la baraja en mesa de tahúr o allá en lo eterno… que fuimos esa fe, anhelo de un viento suavecito, mientras corrían, también, los 
grandes días del No 
y ahora 
la única promesa es 
retirar el paño negro del espejo 
hallar 
una a una 
las piedritas dulces (que no alzaron casa, fruta, ni navío) 
sofocar el desaliento de la corte, los olvidos 
y volver 
muy frescos 
al error 
de una palabra, otra palabra, otra palabra…


schmidt

hoy no escribí
ahora no escribo

qué inaudito

está el cielo en el cielo
el mar
en los costados

apenas
lo comprendo
esto
es cierto

una palabra llega
y se detiene
rompe la tierra

el oro canta

el río
vuelve

pensaba que escribía
leía
que escribía

muy firmemente
alguna vez
anotaré tu nombre
el nombre de las cosas
y llegaran los tigres
a comer el pasto

escribo que no escribo

unas palabras
se dan vuelta
y salen

mañana
no escribí.


Alejandro Schmidt
*