diario de manhattan

La elocuencia íntima sobradamente íntima de un año que termina en la vicisitud constante entre comprensión o penumbra. Aparecer en esta isla, recorrerla incluso en sus gangrenas, es como adjudicarle verosimilitud: a veces, sin embargo, se parece demasiado a una metáfora de toda humanidad que decae degradándose; otras, un museo perfecto de hasta el último pormenor de lo que no debe hacerse.
Comprar este cuaderno representó, en cierto modo, consentir necesidad de cauce, de punto de apoyo para alguna forma de preservación interior en principio no deducida.
Por ahora ningún propósito concreto, salvo que escribiré en permanencia, por primera vez, con la mano izquierda.

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miércoles 7

Por ráfagas creo entender de nuevo que toda tentativa auténtica requeriría desprotección terminante. Pero de esta forma se agudiza la tendencia a percibir el avatar como misterioso, su supuesto lenguaje codificado. Hoy bajo la primera nieve recrudeció de improviso el tema haber nacido (su diametralidad) como conflicto sin retorno, y me prometí una nota. En cierta medida creo que descuidé su imponencia a causa del otro conflicto de la inevitabilidad de la muerte, e incluso porque de algún modo (¿sólo desde el instinto de preservación?), agradecí mis huesos. Haber nacido sobre todo si se tienen en cuenta los protagonistas inconscientes que generan su fatalidad (no otra cosa que un niñito llamado a mitigar sopor y sinsentido), se vuelve un tema de connotaciones desvariantes. En el caso de considerar que el niñito será adulto y, sobre todo, que se verá obligado a tomar conciencia (y aquí el resquemor encubierto), esmeraría en el rehén.
Abluciones de tilo, indicaría un mahometano pura sangre.

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lunes 26

Por la tarde

Obsesión adquisitiva en franco recrudecimiento más ramas pequeñas de pino que semejan arbolitos, uno a uno, con los ojos en blanco, los pies en cualquier parte, por millones. En circunstancias tan exageradas deben desdibujarse hasta los tipos humanos; todo al extravío. Allá se decía la berreta. Le royaume du barratin. Al unísono, como de común acuerdo: rapiña casi criminal, usura perpetua, lo fraudulento.
Serenas, atentas, las dos mujeres negras en Central Station, ayer por la tarde temprano: ¿admitieron esa suerte de complicidad remotísima de la vergüenza natal?

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jueves 29

Frío demasiado intenso después de tanta nieve; de preferencia no al lamento.
Cito en la resonancia significativa: Y si un imbécil se ríe es porque es el Tao.

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 Dejar muchas veces en suspenso la crueldad estabilizada de tantas cosas que ya no podrían ni siquiera atemperarse. Se es testigo desconcertado que debe, literalmente, curarse de espanto. Y no integra una justificación.


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viernes 6

De modo que decía el pobre Cesare durante aquellos años del bochorno premonitorio: esta muerte que nos acompaña de la mañana a la noche, inquieta, insomne, como un viejo remordimiento a un vicio absurdo. Juan Matus comparece (mejor reclama): ten la muerte como consejera. El subrayado debe significar algo parecido a la gratitud.
Casi veinte años, en mí, entre ambos.
Y a esta altura de la circunstancia individual (lo pensé mucho anoche, con fidelidad recrudecida) un sinfín de sospechas ya atacadas de fuero íntimo, de muy difícil participación con nadie. Cuando escuché que había vías despojadas por entero de condescendencia, no se produjo el mismo tipo de abatimiento. Si pecado es no dar en el blanco, el miedo a este pecado superaría, casi, el de faltar para siempre jamás, para siempre jamás.
El resto es energía transformándose, energía que se desconoce por entero y reimplanta el quid tumefacto: ¿Y si habría que merecerlo? Por supuesto, un enorme cartel inmediato: no está prohibida la caza; está permitido cazar cazadores.

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sábado 21

Hasta en los sitios casi sin acceso, a cada instante, la circulación contundente de los automóviles de la policía. Sacerdotes por lo general gigantescos, temibles, del dios dólar omnipresente mencionado en cada diálogo, en cada amago de diálogo.
También custodian, según parece: tráfico de drogas, prostitución, travestismo profesional, ciertos robos, el crimen permanente, la impiedad.
Conquisté un par de guantes de lana.

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Quinta avenida y el turismo que por fin llega, por fin mira, por fin constata: desfile cifrado de un gentío sugestionándose entre edificios esperpénticos, incapaz ya de diferenciar.
Una única vez por un rato en la atmósfera y de repente esto. No deja de volverse otra estafa de reparación imposible, como de costumbre.
En cambio a través de las zonas de gangrena, allí a pocos pasos, sólo el ambular de alcohólicos y drogadictos agónicos: nada mejor que la omisión, diríase, para volver a equivocarse en todo.

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sábado 20

Y si no te dieran un arco zen, energúmeno del gran descuido en el reinado de la obviedad, por lo menos recibiste un cuerpo que algunas noticias aportaría (dado el caso de ser requeridas) a propósito de la delicadeza y la gracia.
El sol sucio ayer contra la nieve seca y sucia durante el largo mediodía. Y todo ese espeluznamiento si se quiere repentino de ausencias.
Me autoricé releer sinuoso, de un saque: ahora creo que hasta admití admitiéndome, por un rato sin vacilaciones ni atajos; los pies helados.

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Mientras que la mano izquierda dibuja (y siempre y cuando se ponga empeño en una decontracción sosegada), es posible constatar un triple equilibrio paulatino, endeble, que requiere tiempo interior y ningún sobresalto asociativo: dedos contra la palma derecha; lengua contra el paladar; relación plantas de los pies y el piso (temperatura, calidad de piso). Cuando los tres contactos pueden, a su vez, contactarse, y los trazos siguen: ¿se empieza a existir?
Reiterar entonces el intento cada día, sin creerse nada.
Nada aconsejable meterse con la respiración, aunque sin barrer del todo con el interrogante.
Es problemática la consigna de confiar más allá (y más acá) de un requisito consecuente, que no se parcela. ¿Lo persuadido es prudencia acuartelándose?

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viernes 26

En el futuro procuraré insistir hacia un centro de gravedad más duradero, en la dirección obturadísima de admitir lo inadmisible.

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Se reimpuso la sospecha de partida próxima. Buen material de observación, en estas circunstancias, el cambio de manera de caminar cada cuatro de la tarde. Fluye una gama potencial tan necesitada de justo medio.
En la misma dirección, creo esperaba y tendió a cumplirse sin nada que indicase reprimirlo: anoche canté bajito un fragmento de tango (casi tres años sin sucederme) y preferí dejarlo que se repitiera y repitiera. El segundo Florentino (el más maduro, el diáfano) sometido a la pierna izquierda y las nieves. Fui encontrándole, diríase, su perfil sereno, sin recordar el autor: como un fantasma gris llegó el hastío (pausa reflexiva sobre el subrayado) hasta tu corazón que aún era mío (doble pausa autocrítica) y poco a poco te fue envolviendo (pausa ontológica) y poco a poco te fuiste yendo. Ni una sílaba más.

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domingo 14

Otra vez el favor subrepticio de un cuaderno de notas: tres días con sus noches para revisarse, para criticarse antes de saber adónde da. Resulta incómodo escribir con este traqueteo. Puentes oscuros, siniestros, de la ponderada civilización industrial; y ya mucho más allá todas las luces de la probeta. El escarnio y las luces. Unreal city, exclamó el monje Eliot (¿o era Yeats?). Extenso trayecto hasta California y una nota pendiente sobre la naturaleza angélica. Debe ser que bajo en Los Angeles. En algún momento cruzaremos el Mississippi. Vendrán zonas áridas con sombrerudos rígidos, botas de taco diagonal y patadas a las puertas (los boys de las vacas; el entretenimiento de los caballos), pero también se verán indios lánguidos, repletos de silencio, perfectamente derrotados, como corresponde. En alguna medida este ómnibus célebre es el colectivo digamos ciento diez, de colores vivos, en tren de conducirme a la marinée del cine veinticinco de mayo.
El centro de gravedad futuro será, en las entrañas, admitir lo inadmisible, tanto en la nieve como en el mar, tanto en la comprensión como en la penumbra.
Cada instante perdido estaría perdido para siempre.

Néstor Sánchez

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